Dicen que la vida es un camino de
lucha constante, que siempre tendrás las piedras y las recompensas. Otros
hablan de que es una cuestión de “suerte”, pero eso está lejos de algo en lo
que yo confiaría. Sinceramente no creo en la “suerte”, más bien creo que lo bueno
o malo que nos sucede es consecuencia de nuestros actos. Lo cierto es que,
aunque seas bueno o malo, estarás expuesto a un sinfín de situaciones
desagradables, algunas más que otras, pero a pesar de eso debes encontrar el
camino de escape y despertar de tus propias pesadillas.
Conozco muy bien a un tipo, muy
parecido a mí, del mismo tamaño, con el mismo color de ojos y la misma sonrisa,
que a los 15 años gozaba de una vida muy normal de un adolescente, inmerso en
un mundo de amoríos, fiestas, “descontrol” ( sí, claro) y la secundaría. Uno se
cree invencible a esa edad, crees que nunca envejecerás, que la vida es un
juego que puedes meter al bolsillo, iluso. Lo cierto es que nada en su vida
parecía pasar de los típicos problemas, sobre castigos por no respetar horarios
y cosas semejantes. Nadie se imaginaria que casi tres años después se
encontraría metido en un pabellón de psiquiatría. Francamente ni yo me lo
esperaba.
Él tenía esas “malas amistades”
que nunca faltan, y un día común y corriente, fumando “la verde”. Luego de un
rato de risas sin sentido y ojos rojos, empezó a experimentar un estado que le
llaman coloquialmente “el bajón”, pero esta vez era diferente. La boca seca,
los pies en la luna y el calor destruyeron su mente y se sentía morir. De hecho
había una mezcla distinta en lo que había fumado. Vio esos ojos pálidos, vacíos,
y esa boca sin labios que sin decir una palabra grito un nombre: Doctor Miedo.
Ese día no pasó de una visita al médico (patético) y un diagnóstico de
“taquicardias”. Una semana entera sintió su cabeza como si estuviera en una
caja, muy terrorífico. Paso el tiempo y el fantasma del doctor miedo lo perseguía
desde aquel día (misma novela de Stephen King). Un día subió a un bus para regresar
a casa, se sentó al lado de una ventana y en el reflejo del vidrio vio al
doctor miedo con esa expresión satisfactoria en sus ojos blancos, muertos que
le devolvían la sensación de agonía. Bajó del bus con el corazón helado en las
manos, la respiración entre cortada, difícil. El doctor Miedo lo perseguía casi
pisándole los zapatos, haciéndolo más pesado, pero en un instante logro zafarse,
paro un taxi y escapo. Fue al hospital al día siguiente, pero para su sorpresa,
los doctores no encontraron nada mal en su salud física, así que no tuvieron
otra opción que derivarlo a psiquiatría. Yo sé toda la conjetura que se puede
crear a partir del hecho de que una persona visite una clínica mental, pero que
eso no les haga creer que este chico estaba loco, al menos deben darle el
beneficio de la duda. Bueno, unos días después se encontraba en un pasillo de psiquiatría,
lleno de gente que más que parecer loca, parecían cansados, perdidos y
francamente pasaban desapercibidos. El psiquiatra, un tipo muy relajado, solo
le hizo un par de preguntas, lo observo y dio su diagnóstico: Neurosis.
Diazepam por tres meses, una en la
mañana y otra al acostarse. La máxima droga. Estuvo bien (drogado) por un
tiempo, aunque su aspecto y su forma de relacionarse con la gente era como la de
un zombi, se podría decir que estaba clínicamente “estable”, a salvo del doctor
Miedo. No salía a la calle, ya no tenía amoríos, ya no había fiestas, ya no
había nada más allá de las pastillas que tomaba y el resto eran sólo visiones
de lo que probablemente era su vida. No era una mala persona, no era del tipo
que ves y dices: “Un día le darán un escarmiento”. Para nada. Pero las cosas
pasan, no puedes escapar de tus actos, la vida no se detendrá a esperar que
cambies de parecer en tus decisiones.
Un día finalmente regresó a la iglesia
(típico desenlace dramático) y le pidió perdón a Dios por las cosas que habían
pasado, confió en lo que siempre confiaba (las promesas de Dios) y como en
alguna película, dejó las pastillas y su vida volvió a la normalidad.
Ojalá pueda decir que con ese fue
el fin de la “enfermedad”, pero no sería interesante un final del todo feliz.
Lo cierto es que tres años y medio después, él volvió. Pero, su vida estaba
bien, bueno, sus padres se separaron y esas cosas que hacen cuando están
peleados, pero él tenía un empleo y estaba estudiando, tenía a la chica y tenía lo que esperas. ¿En qué falló? Ojalá
tuviera una respuesta para esta historia. El doctor Miedo quería vengarse por todo
ese tiempo que lo mantuvo encerrado con esas pastillas y esa “valentía” así que
volvió su vida tan inestable que dejó a la chica y casi lo dejó en la nada pero
trató de mantener su empleo y sus estudios. “Las pastillas pueden ayudar”,
pensó un día, pero no las tomó, prefirió enfrentarlo, aunque eso le tomó muchos
momentos de desesperación y pesadillas en las que te sientes morir y crees que
no hay remedio, que nunca se detendrá, ese sujeto putrefacto lo ahorcaba
mientras iba en el bus, lo golpeaba al caminar, lo empujaba al vacío. El tiempo
pasó y aún mantiene la pelea con el doctor miedo a veces. Visitó a otra
psicóloga que le pidió que no se encasille como un neurótico, que puede que
esto sea solo un cuadro de ansiedad. Después de un tiempo de darse cuenta que
esas sensaciones de colapso, esas palpitaciones, esos mareos, eran toda una
serie de trampas que le ponía su mente, todo estaba en la mente. El doctor
Miedo no existe, nunca ha existido, es un ser utópico que se albergó en su
mente cuando estaba distraído.
Según lo que he leído, hay puntos
en que la mente se desprende de la realidad y comienza a crear pulsaciones que
uno puede interpretar básicamente como si estuvieras al borde de la muerte,
pero no es realmente así, todo es un engaño de la mente.
Su madre le dijo que
compre alcohol puro y que lo huela cada vez que se sienta mal y eso está
funcionando hasta ahora. Volvió a usar anteojos para evitar la sensación de
mareo y trata de llevar una vida “normal”, retando a ese miedo que lo quiere
destruir. No se podría decir que es algo fácil, pero es algo que tiene que
hacer por sí mismo, porque se niega a vivir en un mundo en el que le teme a
todo. Es su lucha y no está dispuesto a dejarse vencer.
Finalizando, te daré gracias
lector, si alguna vez viste a este chico y le hablaste de alguna cosa al verlo
callado y medio perdido, no tienes idea de lo que pudo significar para él.
Gracias por ser su amigo y así darle una oportunidad más de llevar una vida
normal. Gracias por ser héroe un segundo.