martes, 22 de abril de 2014

DESCOLORIDA

¿Dónde estás criatura extraña de mis efímeros recuerdos?
¿Acaso viajaste al mundo de las despedidas?
¿Acaso volaste con alas heridas?
¿O  es que ahora bailas con dos pies izquierdos?

La constante brisa que empapa mis dedos
Grita en mi cara que no tienes memoria
Suelta el tormento de esta mirada irrisoria
Que prefiere ocultarte en sus miedos.

Cuánta gracia hay en tus letras descoloridas
Que me roban un poco el aliento,
Que destapan el aroma que siento
Cuando  me acerco un rato a tu vida.

Podrías huir al ocaso de mis pensamientos
Y ocultarte en la sombra de la luna
Pero caerás siempre inoportuna
En las ramas de cada uno de mis intentos.

Pasaras de mi cada noche y cada día
Y cada amanecer y cada atardecer
Tu sonrisa terminará por desaparecer
Y me quedaré sin tiempo y sin memoria.

(...)


Confesaré que al terminar de escribir esto no pude parar de vomitar.

DOCTOR MIEDO



Dicen que la vida es un camino de lucha constante, que siempre tendrás las piedras y las recompensas. Otros hablan de que es una cuestión de “suerte”, pero eso está lejos de algo en lo que yo confiaría. Sinceramente no creo en la “suerte”, más bien creo que lo bueno o malo que nos sucede es consecuencia de nuestros actos. Lo cierto es que, aunque seas bueno o malo, estarás expuesto a un sinfín de situaciones desagradables, algunas más que otras, pero a pesar de eso debes encontrar el camino de escape y despertar de tus propias pesadillas.

Conozco muy bien a un tipo, muy parecido a mí, del mismo tamaño, con el mismo color de ojos y la misma sonrisa, que a los 15 años gozaba de una vida muy normal de un adolescente, inmerso en un mundo de amoríos, fiestas, “descontrol” ( sí, claro) y la secundaría. Uno se cree invencible a esa edad, crees que nunca envejecerás, que la vida es un juego que puedes meter al bolsillo, iluso. Lo cierto es que nada en su vida parecía pasar de los típicos problemas, sobre castigos por no respetar horarios y cosas semejantes. Nadie se imaginaria que casi tres años después se encontraría metido en un pabellón de psiquiatría. Francamente ni yo me lo esperaba. 

Él tenía esas “malas amistades” que nunca faltan, y un día común y corriente, fumando “la verde”. Luego de un rato de risas sin sentido y ojos rojos, empezó a experimentar un estado que le llaman coloquialmente “el bajón”, pero esta vez era diferente. La boca seca, los pies en la luna y el calor destruyeron su mente y se sentía morir. De hecho había una mezcla distinta en lo que había fumado. Vio esos ojos pálidos, vacíos, y esa boca sin labios que sin decir una palabra grito un nombre: Doctor Miedo. Ese día no pasó de una visita al médico (patético) y un diagnóstico de “taquicardias”. Una semana entera sintió su cabeza como si estuviera en una caja, muy terrorífico. Paso el tiempo y el fantasma del doctor miedo lo perseguía desde aquel día (misma novela de Stephen King). Un día subió a un bus para regresar a casa, se sentó al lado de una ventana y en el reflejo del vidrio vio al doctor miedo con esa expresión satisfactoria en sus ojos blancos, muertos que le devolvían la sensación de agonía. Bajó del bus con el corazón helado en las manos, la respiración entre cortada, difícil. El doctor Miedo lo perseguía casi pisándole los zapatos, haciéndolo más pesado, pero en un instante logro zafarse, paro un taxi y escapo. Fue al hospital al día siguiente, pero para su sorpresa, los doctores no encontraron nada mal en su salud física, así que no tuvieron otra opción que derivarlo a psiquiatría. Yo sé toda la conjetura que se puede crear a partir del hecho de que una persona visite una clínica mental, pero que eso no les haga creer que este chico estaba loco, al menos deben darle el beneficio de la duda. Bueno, unos días después se encontraba en un pasillo de psiquiatría, lleno de gente que más que parecer loca, parecían cansados, perdidos y francamente pasaban desapercibidos. El psiquiatra, un tipo muy relajado, solo le hizo un par de preguntas, lo observo y dio su diagnóstico: Neurosis. Diazepam  por tres meses, una en la mañana y otra al acostarse. La máxima droga. Estuvo bien (drogado) por un tiempo, aunque su aspecto y su forma de relacionarse con la gente era como la de un zombi, se podría decir que estaba clínicamente “estable”, a salvo del doctor Miedo. No salía a la calle, ya no tenía amoríos, ya no había fiestas, ya no había nada más allá de las pastillas que tomaba y el resto eran sólo visiones de lo que probablemente era su vida. No era una mala persona, no era del tipo que ves y dices: “Un día le darán un escarmiento”. Para nada. Pero las cosas pasan, no puedes escapar de tus actos, la vida no se detendrá a esperar que cambies de parecer en tus decisiones.

Un día finalmente regresó a la iglesia (típico desenlace dramático) y le pidió perdón a Dios por las cosas que habían pasado, confió en lo que siempre confiaba (las promesas de Dios) y como en alguna película, dejó las pastillas y su vida volvió a la normalidad.

Ojalá pueda decir que con ese fue el fin de la “enfermedad”, pero no sería interesante un final del todo feliz. Lo cierto es que tres años y medio después, él volvió. Pero, su vida estaba bien, bueno, sus padres se separaron y esas cosas que hacen cuando están peleados, pero él tenía un empleo y estaba estudiando, tenía a la chica  y tenía lo que esperas. ¿En qué falló? Ojalá tuviera una respuesta para esta historia. El doctor Miedo quería vengarse por todo ese tiempo que lo mantuvo encerrado con esas pastillas y esa “valentía” así que volvió su vida tan inestable que dejó a la chica y casi lo dejó en la nada pero trató de mantener su empleo y sus estudios. “Las pastillas pueden ayudar”, pensó un día, pero no las tomó, prefirió enfrentarlo, aunque eso le tomó muchos momentos de desesperación y pesadillas en las que te sientes morir y crees que no hay remedio, que nunca se detendrá, ese sujeto putrefacto lo ahorcaba mientras iba en el bus, lo golpeaba al caminar, lo empujaba al vacío. El tiempo pasó y aún mantiene la pelea con el doctor miedo a veces. Visitó a otra psicóloga que le pidió que no se encasille como un neurótico, que puede que esto sea solo un cuadro de ansiedad. Después de un tiempo de darse cuenta que esas sensaciones de colapso, esas palpitaciones, esos mareos, eran toda una serie de trampas que le ponía su mente, todo estaba en la mente. El doctor Miedo no existe, nunca ha existido, es un ser utópico que se albergó en su mente cuando estaba distraído. 

Según lo que he leído, hay puntos en que la mente se desprende de la realidad y comienza a crear pulsaciones que uno puede interpretar básicamente como si estuvieras al borde de la muerte, pero no es realmente así, todo es un engaño de la mente.

 Su madre le dijo que compre alcohol puro y que lo huela cada vez que se sienta mal y eso está funcionando hasta ahora. Volvió a usar anteojos para evitar la sensación de mareo y trata de llevar una vida “normal”, retando a ese miedo que lo quiere destruir. No se podría decir que es algo fácil, pero es algo que tiene que hacer por sí mismo, porque se niega a vivir en un mundo en el que le teme a todo. Es su lucha y no está dispuesto a dejarse vencer.

Finalizando, te daré gracias lector, si alguna vez viste a este chico y le hablaste de alguna cosa al verlo callado y medio perdido, no tienes idea de lo que pudo significar para él. Gracias por ser su amigo y así darle una oportunidad más de llevar una vida normal. Gracias por ser héroe un segundo. 


viernes, 4 de abril de 2014

NO VENGAS A VERLO



Cuando era niño, recuerdo que un día en mi escuela nos hicieron ver una película que me gustó mucho, era muy especial, hablaba de muchas cosas que yo creía entender. Esa película era “EL PRINCIPITO”. Yo quede impactado con esa historia y recuerdo que le dije a mi profesora lo mucho que me había gustado, que creía que era una historia muy triste, pero que creía también que era muy bonita y que no existen muchas personas como el Principito. Ella me miraba, movía la cabeza en señal de aprobación y sonreía. Unos días después me llamo a su escritorio y me dio un libro. Me dijo que esa era el cuento completo de El Principito y que si quería leerlo me lo prestaría. La verdad no sabía que decir, era un niño y mis lecturas eran casi obligadas, pero sólo sonreí y le dije que si quería.

Me enamore de ese cuento. Era mucho más explícito con respecto a frases y los pensamientos. Muchas partes de ese cuento me gustaron tanto que lo recuerdo con un sentimiento parecido al que creo que sentía el personaje en ese momento. Eso es todo. 

Una de mis partes favoritas es esta:

-¿Qué intentas decirme?
-Cuando por la noche mires al cielo. Como yo habitaré en una de ellas y reiré en una de ellas, será para tí como si rieran todas las estrellas. Tú poseerás estrellas que saben reír.
Volvió a reír.
-Cuando hayas encontrado consuelo (siempre se encuentra el consuelo), te alegrarás por haberme conocido. Siempre seremos amigos. Sentirás el deseo de reír conmigo. Y abrirás, a veces,  tu ventana, así... por placer... Y tus amigos se asombrarán al verte reír mirando el cielo. Entonces les dirás: "Sí, las estrellas siempre me hacen reír". Y ellos te creerán loco. Te habré hecho una muy mala jugada...
Volvió a reír:
-Será como si te hubiera dado en lugar de estrellas...un montón de cascabelitos que saben reír...
Rió nuevamente. Después se puso serio.
-Esta noche... ¿sabes?... no vengas.
-No me separaré de ti.
-Parecerá que sufro... Parecerá un poco que me muero.  Es así. Pero no vengas a verlo, no vale la pena...

-EL PRINCIPITO-