Le dije que era guapo, sólo para saber que se iba a morir
por mí, para pasar el rato y después
destruirlo, aunque nunca ha sido mi intención. Soy esa maldita perra que tu madre primero amará
y luego querrá crucificar, pero no estoy orgullosa.
Habían pasado un par de años y estaba harta de la vida de
mierda que tenía, yendo a estudiar y viendo las mismas estúpidas caras de mis
amigos, que puedo rescatar, al menos me hace reír a veces. Muchas veces soy
como “bromista” y otras veces tengo el ademán que ves por las noches antes de
ser asesinado en pesadillas. Mis visitas regulares al psicólogo, por
insistencia de mi madre, me han vuelto una especie de “enferma mental frustrada”,
con tics nerviosos que practico cuando estoy a solas en mi habitación y con
cambios de estado de ánimo más rápidos que la primera vez que tuviste sexo. El verano de aquel año en el que las cosas
empezaron a ser más deprimentes, encontré un empleo de part time para poder
pagar mis aventuras locas de la vida que me tocó y que, la verdad, a veces
disfruto. Estaba muy aburrida ese año y ya empezaba a deprimirme un poco, a
llorar por las noches un poco y a hacer como que nada me importa más que yo en
el día.
María Pía estaba saliendo con Manuel que estaba en 5to de
secundaría y que apenas conocía, pero, el asunto es que teníamos 19 y eso se
veía medio raro. Finalmente se tiró al pobre chico en la fiesta de Gonzalo y a
mí (a quien había terminado arrastrando) me dejó conversando con un amiguito de
Manuel que me estaba preguntando más de la cuenta y con quien fingía que me
interesaba la atención que me daba. Se llama Peter y la verdad, me pareció un
poco interesante, aunque pudo tratarse de que quería dejarlo alimentar mi ego
con sus mensajes insistentes que me escribía a diario. Dejé que me besará la
segunda vez que salimos, pero la verdad besa espantoso y eso sólo me dejó con
ganas de dejar de escribirle poco a poco. Empecé a andar con mis amigos de la
universidad y me emborrachaba en todas las fiestas que podía, a veces extraño
eso. Mierda, era verano y trataba de usar las prendas más pequeñas que podía.
Mi celular seguía recibiendo llamadas perdidas de ese extraño sujeto a quién ya
no recuerdo y que la verdad no sé ni porqué menciono. Peter, el amigo de Manuel aún me seguía
escribiendo, pero para mí ya era sólo un contacto más. Yo seguía siendo una
hoja al viento. Conocí luego a Nicolás, un morenito de Chorrillos que era muy
gracioso y con el que compartí algunos ratos interesantes sin sexo, una
lástima. El verano de ese año terminó y la verdad no lo disfruté como esperaba,
por mis maldito sentimentalismo que me hizo escribirle a aquel sujeto del
pasado que no debería mencionar. Salimos un par de veces y nos amábamos por
unas horas, dentro de su habitación, como si siempre hubiera sido así. Mi vida
seguía haciéndose mierda mientras yo aún era una hoja al viento.
Luego conocí a Ángelo, pobre chico. Ángelo había terminado
una relación de 2 años y estaba en proceso de “superar”. Era muy guapo pero yo
hacía como que no me importaba. Sinceramente, para mí, todos eran como carne andante
que me importa una mierda, pero que igual quiero comer. En el fondo estaba como
batallando con una especie de recuerdo estancado, pero por fuera, era la misma
Micaela de siempre, la que todos sus amigos buscan y que a veces quieres sólo
quedarse en su casa escuchando música, pero eso no importa cuando se trata de
la hora de la cacería. Salí un par de veces con Ángelo y creo que a la tercera
cita, ya lo tenía en la cama. Tiramos un par de veces más en su casa, cuando
sus papás no estaban y luego, como de costumbre, me aburrí de verle la cara.
Recuerdo que me rogó que tuviera algo más serio con él, pero mi vida ya está lo
suficientemente perdida.
Algunas noches salía con Gabriel, uno de esos viejos amigos
que se mueren por ti, pero que nunca les hiciste caso, y que siempre fue un
buen tipo. Tenía enamorada, que también era mi amiga, y se les veía muy felices.
Salíamos a hablar de la vida y dejaba que me abrace un poco cuando parecía que
mencionaba alguna parte poco agradable de mi vida. Es medio tonto y alimentaba
mi precioso y valioso ego. Eso en el fondo me gustaba, como también me gustaba
su onda “rockera”. Una noche, olvidé que él tenía enamorada y mientras conversábamos
en ese parque de mi casa, nos besamos. Ninguno dijo nada, fuimos hasta mi casa
y allí, en el pasadizo, nos seguimos besando por un largo rato. Soy una
desgraciada, aunque la verdad, no diré que él también lo quería. Sin embargo, la
vida se sentía vacía como mis pensamientos dentro de los párrafos anteriores. Gabriel
me llamó al día siguiente para decirme que su enamorada se había enterado de lo
sucedido cuando leyó los mensajes que nos escribimos durante esos días. Traté
de hablar con Gabriel al día siguiente, pero fue inútil. La verdad me sentí un
poco culpable, pero ¿qué se puede hacer? Al cabo de unos días lo olvidé,
Gabriel fue perdonado y siguió siendo feliz con su enamorada. Yo le escribí un
mensaje a la chica y me dijo que no me guardaba rencor, pero claro, ya no somos
amigas. Me odia en silencio.
