Nada de lo que había hecho hasta el momento había resultado como
esperaba, o tal vez, era ese maquiavélico ser que coexistía en su mente, él que
disfrutaba el cumplimiento de su plan, como el depredador al haber alcanzado a
su presa, relamiéndose lentamente los labios.
Estaba sentado en su habitación
con una expresión meditabunda que espantaba cualquier intento de felicidad,
después de todo, Álvaro nunca ha sido “el alma de la fiesta”, ni mucho menos el
más alegre de su grupo de amigos, pero esta ocasión era diferente. A un lado de
su cama, el celular atormentaba sus ganas de llamar a la persona que era
víctima de su amor, un amor que más parecía obsesión, un amor perro que lo
aprisionaba en la idea de que tenía que estar con ella por el resto de su vida.
Todo había empezado hace un año, como
suele pasar, con un “hola” y un “me gustas”, esto quizá fuera lícito si él no
lo hubiera usado como una forma de escape de una relación anterior, que al
igual que este tormento nuevo, había tenido un nudo complicado. Se conocieron
al inicio del año en la facultad de derecho, gracias a un inoportuno amigo que
desde momento se convirtió en pieza clave de la historia. Después de un par de
salidas, Viviana aún no sentía, lo que se denomina como una “atracción
juvenil”, de hecho ella también buscaba escapar de la sombra de un ex amor
lleno de farsas. Toda una novela barata.
Pasadas las semanas, Álvaro me
hablo de Viviana, una chica de su facultad, pero como no soy un buen amigo, le
dije que creía que lo más sensato era pedirle que saliera con ella. Lo siento. Pasado
el tiempo, él se atrevió a lo inevitable una desventurada noche – nótese mi
énfasis por pintarlo de mala suerte- en la que habían salido a cenar a un
elegante restaurant en Miraflores, todo un hombre de dinero, gastando lo que no
tenía sin siquiera pensar en cómo
regresaría a su casa. Definitivamente tenía que decírselo esta noche y si para
eso necesitaba tomarse diez copas de whisky pues, las bebería sin pensar en la cuenta.
Ya iba por la tercera copa cuando
su boca balbuceo.
-Hace tiempo estaba esperando
esta ocasión- dijo intentando parecer relajado.
-¿A si? Y ¿Para qué? – pregunto,
sintiéndose estúpida pues ya lo veía llegar.
- Me gustas desde la primera vez
que te vi…- mintió- y quiero saber si quieres ser mi novia-
Viviana forzó una expresión de
sorpresa y dirigió la mirada hacia la copa que alzada en sus manos hasta la
altura de sus labios escarlatas. La realidad era que ella no sentía nada por
él, pero sabía que sería una gran oportunidad para enterrar quizá su viejo
amor, además él podía darle algunos lujos a los que ella no tenía un fácil acceso.
-Tú también me gustas desde hace
un tiempo- secundó la mentira- pero no quiero sufrir…-
-No digas eso, mis sentimientos
son sinceros-
-Ya he escuchado eso- dijo
Viviana dándole la carga dramática. Clásico.
Después de un largo intercambio
de palabras, entre las que vinieron las típicas “promesas”, acercamientos
fallidos y un beso en la mejilla, finalmente sellaron su “amor” con un beso en
los labios.
No había amor, no había gusto, no
había nada más que intención de rellenar un espacio vacío. Pobre Álvaro, aun si
hubiera sabido todo lo que sucedería después, estoy convencido de que él
hubiera seguido adelante. –Ya, ya no jodas- le dije un mes después cuando me
confeso que estaba enamorado de ella. Imbécil.
Poco a poco la pesadilla iba
tornándose más gris, una semana después de su “enamoramiento”, terminaron
porque Viviana no se sentía segura de los sentimientos de Álvaro, a decir
verdad, ella se estaba dando cuenta que no podría mantener la farsa para
siempre. Él pensó en ese momento que estaba haciendo algo mal y le prometió que
cambiaria, pero ella dijo que necesitaba tiempo.
Cómo era de esperarse, regresaron
un día después. Todos conocemos este tipo de amor, que llamaremos “Oreja de
toro”, como dicen los grandes filósofos, se refiere a la persona que está lejos
del rabo, pero cerca de los cuernos.
Este par llevaba una relación
tormentosa que hacia mutar su carácter con rumbo a lo insano, pero ellos eran,
¿cómo se dice? “felices”.
Habían pasado medio año juntos,
era todo un record, atravesando la crisis de las “llamadas misteriosas”, “pérdidas de memoria”, “pleitos con la
familia”, era tan divertido su amor, francamente no podía esperarse menos.
Yo me reía de su amor, suena
cruel, pero era realmente gracioso, verlos un día lanzándose amor por todos los
poros y al día siguiente odiándose y deseándose una muerte trágica. Tan
divertido, hasta un día de Junio, cuando yo salía de mi trabajo y recibí una
llamada de Álvaro, desenfocado, hablando mil palabras por segundo, diciéndome
que iba a matar a Viviana, al principio me reí pero luego note que el problema
era serio. Según lo que me dijo, todo había empezado porque una chica parecía
coquetearle y Viviana se lo tomo muy en serio, tanto que su reacción la llevo a
hacerle un escándalo en el patio de la facultad, frente a la vista del todo el
mundo.
– ¡Eres una mierda!- vocifero ella.
-Pero si no la conozco- Se
defendió encogiendo los hombros.
-¿Y crees que soy estúpida?-
Empezaba a perder el control.
-Tranquilízate que nos están
viendo todos- dijo él mirando de reojo a su alrededor.
- ¡Y a mí qué diablos me importa
la gente!- dijo ella al tiempo que le sujetaba la camiseta con intensidad.
Él le sujetó las manos con
fuerza, pero fue inútil, Viviana presta de una fuerza sobre humana le rompió su
camiseta por el cuello ante el asombro de todos. -¡Qué has hecho!- gritó y le
dio un empujón que la estremeció. Pero eso no la iba a detener, ella quería
destruirlo, quería hacerlo víctima de su irá, quería humillarlo. Lo tomo del
cabello con fuerza ante su mirada de dolor, y lo obligó a ponerse de cuclillas.
– ¡Suéltame!- dijo Álvaro, pero esto la enfurecía más. Fue en ese momento que
algunos profesores de la facultad empezaron a pasar por ahí, viendo asombrados
como Viviana torturaba a Álvaro, que ya no sabía que más hacer, lástima que
ella tenía miles de ideas retorcidas de todo lo que le quería hacer. Sin más
rodeos, le dio un considerable escupitajo en medio de los ojos, lo soltó y solo
se marchó.
Ojala y todo hubiera quedado ahí, hubiera sido
un punto a su favor, pero mi querido amigo, no es de los que piensa con la
cabeza cuando está enojado, así que corrió tras ella, le cogió de la mano con
fuerza y la viro hacia él escupiéndole también en la cara. Hay muchas versiones
sobre lo que paso luego, una dice que Viviana lo amenazó de muerte, como
también hay otra que dice que ella le metió un rodillazo entre las piernas,
pero soy de los pocos que no estuvieron ahí y saben lo que paso realmente.
Viviana se limpió un poco el escupitajo y cerrando el puño le profirió un golpe
en la cara tumbándolo al piso. Una vez
en el piso comenzó a, literalmente, pisotearlo con fuerza. Él pudo levantarse
luego de un rato de ser machacado y lo único que atino a hacer, fue escapar como una niña asustada,
mientras que ella le juraba que lo encontraría y lo mataría.
El tiempo ha pasado desde ese
incidente en el patio de la faculta, de regreso a su habitación, con su
expresión meditabunda, Álvaro sabe que lo mejor habría sido que todo terminara
aquel día, pero el “amor” a veces suele doler más cuando haces lo correcto.
Después de eso ellos regresaron
efectivamente y no diré que me sorprendió, para que mentir, ya lo esperaba.
Pero esta complicada y tormentosa historia los tiene prisioneros de un círculo
vicioso, que los destruye a diario, que enferma sus almas y mata su cordura. La
noche anterior Viviana le ha dicho a Álvaro que está embarazada y que sus
padres la mataran si se enteran. Ella tiene miedo. Él le ha dicho que
encontraran una forma de superar esto, pero que se puede esperar de un tipo que
vive en casa de sus padres y que no tiene el menor interés por trabajar y
cambiar su vida sedentaria. Él le ha dicho que la llamara para ponerse de
acuerdo, pero no tiene ni la minúscula idea de que harán ahora. Ella le ha
llamado como unas cincuenta veces y él no ha tenido el valor de coger el
teléfono. Se está cagando en los pantalones y no era para poco. Los padres de
Viviana, dos personas a las que les gustaba resolver los problemas por las
malas y eso sin contar a sus cinco hijos hombres, listos para romperle la
madre, lo estaban esperando ya seguramente y él podía imaginárselos. Ha tenido
la idea más práctica y le envió un mensaje a Viviana contándole su plan. Ella
se ha aterrorizado con la idea que Álvaro ha tenido. Aborto.
De pronto suena un golpe en la
puerta de la casa de Álvaro. Un disparo, cinco tipos encapuchados que traían un
dolor y un odio, una hermana encontrada en su habitación colgada, una carta, un
adiós. Destruyeron todo lo que encontraron, un perro, una familia, un hijo que
estaba en su habitación con expresión meditabunda. Tomaron un cuchillo y le
perforaron las manos, tomaron una soga y ataron su cuello, lo torturaron por un
rato, él lloro y suplico, nadie lo escucho, solo unas balas en las piernas, un
estado de shock y un disparo en la cabeza con su vida acabo.
Nadie el cuerpo encontró, ya un
año paso, de ellos dos mucho se habló y la
verdad nunca se revelo. Así es el amor, trágico hasta en sus momentos buenos,
satisfactorio hasta en sus momentos malos, ambiguo, selector, después de todo,
¿Quién no ha muerto por amor?