lunes, 25 de noviembre de 2013

LABIOS TORMENTOSOS


Nada de lo que había hecho hasta el momento había resultado como esperaba, o tal vez, era ese maquiavélico ser que coexistía en su mente, él que disfrutaba el cumplimiento de su plan, como el depredador al haber alcanzado a su presa, relamiéndose lentamente los labios.

    Estaba sentado en su habitación con una expresión meditabunda que espantaba cualquier intento de felicidad, después de todo, Álvaro nunca ha sido “el alma de la fiesta”, ni mucho menos el más alegre de su grupo de amigos, pero esta ocasión era diferente. A un lado de su cama, el celular atormentaba sus ganas de llamar a la persona que era víctima de su amor, un amor que más parecía obsesión, un amor perro que lo aprisionaba en la idea de que tenía que estar con ella por el resto de su vida.


    Todo había empezado hace un año, como suele pasar, con un “hola” y un “me gustas”, esto quizá fuera lícito si él no lo hubiera usado como una forma de escape de una relación anterior, que al igual que este tormento nuevo, había tenido un nudo complicado. Se conocieron al inicio del año en la facultad de derecho, gracias a un inoportuno amigo que desde momento se convirtió en pieza clave de la historia. Después de un par de salidas, Viviana aún no sentía, lo que se denomina como una “atracción juvenil”, de hecho ella también buscaba escapar de la sombra de un ex amor lleno de farsas. Toda una novela barata.


    Pasadas las semanas, Álvaro me hablo de Viviana, una chica de su facultad, pero como no soy un buen amigo, le dije que creía que lo más sensato era pedirle que saliera con ella. Lo siento. Pasado el tiempo, él se atrevió a lo inevitable una desventurada noche – nótese mi énfasis por pintarlo de mala suerte- en la que habían salido a cenar a un elegante restaurant en Miraflores, todo un hombre de dinero, gastando lo que no tenía sin  siquiera pensar en cómo regresaría a su casa. Definitivamente tenía que decírselo esta noche y si para eso necesitaba tomarse diez copas de whisky pues, las  bebería sin pensar en la cuenta.


   Ya iba por la tercera copa cuando su boca balbuceo.

-Hace tiempo estaba esperando esta ocasión- dijo intentando parecer relajado.


-¿A si? Y ¿Para qué? – pregunto, sintiéndose estúpida pues ya lo veía llegar.


- Me gustas desde la primera vez que te vi…- mintió- y quiero saber si quieres ser mi novia-


Viviana forzó una expresión de sorpresa y dirigió la mirada hacia la copa que alzada en sus manos hasta la altura de sus labios escarlatas. La realidad era que ella no sentía nada por él, pero sabía que sería una gran oportunidad para enterrar quizá su viejo amor, además él podía darle algunos lujos a los que ella no tenía un fácil acceso.


-Tú también me gustas desde hace un tiempo- secundó la mentira- pero no quiero sufrir…-


-No digas eso, mis sentimientos son sinceros-


-Ya he escuchado eso- dijo Viviana dándole la carga dramática. Clásico.


Después de un largo intercambio de palabras, entre las que vinieron las típicas “promesas”, acercamientos fallidos y un beso en la mejilla, finalmente sellaron su “amor” con un beso en los labios.


No había amor, no había gusto, no había nada más que intención de rellenar un espacio vacío. Pobre Álvaro, aun si hubiera sabido todo lo que sucedería después, estoy convencido de que él hubiera seguido adelante. –Ya, ya no jodas- le dije un mes después cuando me confeso que estaba enamorado de ella. Imbécil.


Poco a poco la pesadilla iba tornándose más gris, una semana después de su “enamoramiento”, terminaron porque Viviana no se sentía segura de los sentimientos de Álvaro, a decir verdad, ella se estaba dando cuenta que no podría mantener la farsa para siempre. Él pensó en ese momento que estaba haciendo algo mal y le prometió que cambiaria, pero ella dijo que necesitaba tiempo.


Cómo era de esperarse, regresaron un día después. Todos conocemos este tipo de amor, que llamaremos “Oreja de toro”, como dicen los grandes filósofos, se refiere a la persona que está lejos del rabo, pero cerca de los cuernos. 


Este par llevaba una relación tormentosa que hacia mutar su carácter con rumbo a lo insano, pero ellos eran, ¿cómo se dice? “felices”. 


Habían pasado medio año juntos, era todo un record, atravesando la crisis de las “llamadas misteriosas”,  “pérdidas de memoria”, “pleitos con la familia”, era tan divertido su amor, francamente no podía esperarse menos.


Yo me reía de su amor, suena cruel, pero era realmente gracioso, verlos un día lanzándose amor por todos los poros y al día siguiente odiándose y deseándose una muerte trágica. Tan divertido, hasta un día de Junio, cuando yo salía de mi trabajo y recibí una llamada de Álvaro, desenfocado, hablando mil palabras por segundo, diciéndome que iba a matar a Viviana, al principio me reí pero luego note que el problema era serio. Según lo que me dijo, todo había empezado porque una chica parecía coquetearle y Viviana se lo tomo muy en serio, tanto que su reacción la llevo a hacerle un escándalo en el patio de la facultad, frente a la vista del todo el mundo.


 – ¡Eres una mierda!- vocifero ella.


-Pero si no la conozco- Se defendió encogiendo los hombros.


-¿Y crees que soy estúpida?- Empezaba a perder el control.


-Tranquilízate que nos están viendo todos- dijo él mirando de reojo a su alrededor.


- ¡Y a mí qué diablos me importa la gente!- dijo ella al tiempo que le sujetaba la camiseta con intensidad.


Él le sujetó las manos con fuerza, pero fue inútil, Viviana presta de una fuerza sobre humana le rompió su camiseta por el cuello ante el asombro de todos. -¡Qué has hecho!- gritó y le dio un empujón que la estremeció. Pero eso no la iba a detener, ella quería destruirlo, quería hacerlo víctima de su irá, quería humillarlo. Lo tomo del cabello con fuerza ante su mirada de dolor, y lo obligó a ponerse de cuclillas. – ¡Suéltame!- dijo Álvaro, pero esto la enfurecía más. Fue en ese momento que algunos profesores de la facultad empezaron a pasar por ahí, viendo asombrados como Viviana torturaba a Álvaro, que ya no sabía que más hacer, lástima que ella tenía miles de ideas retorcidas de todo lo que le quería hacer. Sin más rodeos, le dio un considerable escupitajo en medio de los ojos, lo soltó y solo se marchó.

  
Ojala y todo hubiera quedado ahí, hubiera sido un punto a su favor, pero mi querido amigo, no es de los que piensa con la cabeza cuando está enojado, así que corrió tras ella, le cogió de la mano con fuerza y la viro hacia él escupiéndole también en la cara. Hay muchas versiones sobre lo que paso luego, una dice que Viviana lo amenazó de muerte, como también hay otra que dice que ella le metió un rodillazo entre las piernas, pero soy de los pocos que no estuvieron ahí y saben lo que paso realmente. Viviana se limpió un poco el escupitajo y cerrando el puño le profirió un golpe en la cara tumbándolo al piso.  Una vez en el piso comenzó a, literalmente, pisotearlo con fuerza. Él pudo levantarse luego de un rato de ser machacado y lo único que atino  a hacer, fue escapar como una niña asustada, mientras que ella le juraba que lo encontraría y lo mataría.


El tiempo ha pasado desde ese incidente en el patio de la faculta, de regreso a su habitación, con su expresión meditabunda, Álvaro sabe que lo mejor habría sido que todo terminara aquel día, pero el “amor” a veces suele doler más cuando haces lo correcto.


Después de eso ellos regresaron efectivamente y no diré que me sorprendió, para que mentir, ya lo esperaba. Pero esta complicada y tormentosa historia los tiene prisioneros de un círculo vicioso, que los destruye a diario, que enferma sus almas y mata su cordura. La noche anterior Viviana le ha dicho a Álvaro que está embarazada y que sus padres la mataran si se enteran. Ella tiene miedo. Él le ha dicho que encontraran una forma de superar esto, pero que se puede esperar de un tipo que vive en casa de sus padres y que no tiene el menor interés por trabajar y cambiar su vida sedentaria. Él le ha dicho que la llamara para ponerse de acuerdo, pero no tiene ni la minúscula idea de que harán ahora. Ella le ha llamado como unas cincuenta veces y él no ha tenido el valor de coger el teléfono. Se está cagando en los pantalones y no era para poco. Los padres de Viviana, dos personas a las que les gustaba resolver los problemas por las malas y eso sin contar a sus cinco hijos hombres, listos para romperle la madre, lo estaban esperando ya seguramente y él podía imaginárselos. Ha tenido la idea más práctica y le envió un mensaje a Viviana contándole su plan. Ella se ha aterrorizado con la idea que Álvaro ha tenido. Aborto.


De pronto suena un golpe en la puerta de la casa de Álvaro. Un disparo, cinco tipos encapuchados que traían un dolor y un odio, una hermana encontrada en su habitación colgada, una carta, un adiós. Destruyeron todo lo que encontraron, un perro, una familia, un hijo que estaba en su habitación con expresión meditabunda. Tomaron un cuchillo y le perforaron las manos, tomaron una soga y ataron su cuello, lo torturaron por un rato, él lloro y suplico, nadie lo escucho, solo unas balas en las piernas, un estado de shock y un disparo en la cabeza con su vida acabo.


Nadie el cuerpo encontró, ya un año paso, de ellos dos mucho se habló y  la verdad nunca se revelo. Así es el amor, trágico hasta en sus momentos buenos, satisfactorio hasta en sus momentos malos, ambiguo, selector, después de todo, ¿Quién no ha muerto por amor?


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