jueves, 14 de noviembre de 2013

SECUELAS DE UNA RARA ENFERMEDAD

Me había tomado un tiempo - relativamente corto- para escribir sobre ti y todas las demás cursilerías que abundan en el tema. Nada parecía tan cruel, tan inhumano, prolifero para mi libertad. A veces me pregunto, ¿qué fue lo que encontré en tu andar? ¿Será una especie de maldición gitana o solo es que los finales felices no están hecho para existir en el mundo real?

   Recuerdo cuando te extrañaba y vivía prendido de tus mensajes, las tardes por tus calles, tu serpenteante aroma, tu lengua flameante. Tantas cosas con las que a veces me engaño a mí mismo creyendo que aun te extraño. Era tan real, tan magnificente sentir tu cuerpo acariciando mi intento de vida, que estaba dedicada en considerables cantidades a hacerte feliz. 

    Me acuerdo de ese día cuando te vi por primera vez. Me mataba el calor mientras veía a toda la masa de gente acumulada en la entrada de aquel edificio, y yo en el asiento trasero del auto rojo de mi papá. Tú no lo sabes, pero fue en ese momento que vi saliendo de entre la gente a dos muchachas de cabello castaño crespo, muy parecidas, y aunque raro, pude haberme fijado en su acompañante, pero la vida y todo este drama que es el destino volteo mis ojos hacia la que traía el cabello en la cara, camiseta verde y mochila de cuadros negros y blancos. Toda una “rebelde”. Sí, claro. Ahora que lo pienso, ese momento debió ser muy sublime como para recordarlo, apuesto que suele pasarle a la mayoría de personas cuando creen haber encontrado al amor de su vida, ese es el pensamiento que me hace sentir un poco más reconfortado. No te conocía, pero había sido “amor a primera vista” –como si esas cosas existieran- y aunque no me molesté en averiguar quién eras, apareciste sin más y apuesto que ya tenías toda nuestra historia planeada desde el principio, desde el principio hasta "el final".

   Contigo aprendí muchas cosas. Yo, el que pretendía siempre ser el malo, terminé deseando ser bueno/malo, y no mentiré, te quise, hasta el punto de convencerme que estaba enamorado. No fue tan sencillo ese amor y todo lo que paso, soy un bonachón sin juicio tal como cuando estaba contigo y aunque tampoco soy un santo, tu amor me hizo crecer, aunque no de la forma adecuada.

    Quería escribir porque hay cosas que yo no dije y que quizá así te des una idea de que se trataba. Todo lo que nos hemos dicho y todo lo que hemos callado, al final fue cruel el desenlace y a mí me costó mucho ver mi celular con tus llamadas perdidas o contestar y quedarme diciendo "Aló", por un lapso de dos segundos. Tengo orgullo, no te iba a llamar, prefería en cambio sufrir como una basura inmunda, tan patético.

   Yo, querida amiga, ya no te encuentro tan guapa, no me gusta la persona en la que te convertiste o quizá la que siempre fuiste y no lo sabía. Me decepciona tanto que no hayas encontrado aún el amor que crees merecer y que prefieras derramar tu sufrimiento por ese último “error”. Me dejas devastado. 

   Detesto que de vez en cuando aparezcas para joder mi felicidad, que no seas capaz de crecer un poco y dejar de mendigar lástima entre tus amigos. Yo te quise o tal vez aun te quiero y no lo quiero aceptar, porque ya no soy de los que dan marcha a atrás, pero ¿Qué es el orgullo si no tienes a quién quieres? Si ya no siento nada por ti, entonces ¿Por qué escribí todo esto?
 

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