He caminado mucho rato bajo la
lluvia y estaba exhausto, además de mojado por cada centímetro del cuerpo, y lo
sé, a juzgar por mi apariencia, cualquier persona en su sano juicio habría
objetado que ya hacía falta que mi piel se reconciliara con el glorioso placer
de estar “limpio”. Mis pies pedían a gritos que me detenga por un momento, pero
era demasiado pronto, aún no lograba divisar un refugio apropiado y aunque
hubiera estado cerca del pueblo, las personas no me habrían invitado a pasar la
noche frente a sus chimeneas, y lo sé, juzgarán mi apariencia antes de si
quiera pensar en una respuesta, pero ya está, no me importa, al fin y al cabo
no quiero ser parte de ninguna conversación frente a la chimenea de esas
personas, solo soy un hombre buscando un refugio, pero no el suyo. Caminé un
poco más e intenté acurrucarme bajo un árbol, como hacen algunos animales, pero
es en vano, tengo tanto frío que no me explico cómo pueden ellos resistir esto.
No lo pensé dos veces y me levanté sin darle tregua a mis sollozantes pies que
ya no quieren obedecerme. He de desvanecerme, he de ahogarme quizás y morir.
No. Mejor vivir un día más, quizás mañana sea un mejor día y pueda ver mi vida
cambiar, no lo sé. La lluvia de este lugar no me deja ver nada más allá de los
cabellos largos que me cuelgan entre los ojos. Finalmente en un intento por dar
otro paso, caigo al suelo. La incesante arenga de las gotas de lluvia azotaba
mi espalda y el resto de mi cuerpo boca abajo contra el pasto. ¿Qué más da?
Seré otro vagabundo muerto en una noche de tormenta y nadie me recordará, no
tengo familia, nadie conocerá mi nombre, mi existencia se borrará de este mundo
y quedaré atado al olvido. Alce la mirada al frente en un intento de despedida
de esta noche, y un trueno encendió mi visión por unos segundos y justo delante
de mí había una fantasmal casa que se tiño de blanco, como una señal, un
milagro del cielo.

Tome las fuerzas que no me quedaban y en un intento
desesperado, temblando hasta el alma, corrí descalzo entre el pasto y pude
llegar hasta las gradas de madera que daba a la entrada principal. Allí noté
que no parecía habitada, pero aun así llamé a la puerta, aunque desde un
principio supe que nadie contestaría. Intenté abrir la puerta, pero estaba sellada
o algo parecido, así que decidí probar suerte con una ventana que estaba cerca
y al primer empujón se abrió de par en par. Trepé un pie y en un segundo estaba
dentro de aquella oscura casa, pero la oscuridad ya no me era desconocida,
aunque no conseguía ver casi nada, era un lugar, por mucho, más cálido que el
exterior. Traté de caminar sobre el piso de madera chirriante y conseguí ver
algo que parecía una habitación, llena de telarañas y seguramente muchos otros
insectos que ahora eran mis compañeros en aquella casa que nos albergaba.
¡Bendito sea Dios! ¿Qué tan probable es llegar a una casa aparentemente
abandonada y que encuentres una cama con sábanas? Pues, puede que no hayan sido
recién lavadas, pero, si tuviera que hablar de mi apariencia, diría que
probablemente estaban más limpias que yo. Lo sé, no soy bueno defendiéndome,
pero prefiero ser sincero. Ya no me quedan muchas cosas, así que prefiero tener
la sinceridad como una de las pocas pertenencias que cargo conmigo. Me quité la ropa, vieja, húmeda y me metí bajo
las sábanas de esa vieja cama, que dejaba escapar algo de polvo cuando me
movía, pero, sin embargo era lo mejor que me pasaba en mucho tiempo.
Creo que he despertado muy tarde,
y no lo digo porque tenga conocimiento de la hora, pero siento que he dormido
mucho, y si no fuera por la luz del día, aunque gris, es luz de día que me ha
despertado, allí tibio bajo aquellas sábanas de un tono amarillento y grisáceo,
en esa habitación con cuadros de personas envueltos en polvo y moho, olvidados
quizás, personas que vaya a saber si estarán vivas o si han sido, en vano,
atrapados para siempre en esos marcos de madera, con la única finalidad de
tener una excusa para dejarlos olvidados en algún lugar. No parecía una casa
digna de ser olvidada, aunque en su actual condición, fácilmente se podría
escapar y no querer volverla a ver, pero, vamos, ya les comente sobre mi
deplorable apariencia, y sería un cara dura si me atreviese a juzgarla por su
suciedad. Me envolví en las sabanas y caminé sobre el piso chirriante que me
condujo hasta el espacioso salón con unos cuantos sillones gastados y comidos
por el tiempo y los insectos, compañeros míos en esta extraña y olvidada casa
de estilo particularmente exquisito para mi gusto, casi puedo imaginar el tipo
de gente elegante que la habitaba en sus tiempos de pulcritud, ahora, ya no es
mucho, pero es suficiente para un vagabundo como yo. En una esquina del salón,
bajo una manta polvorienta y verdosa, yacía lo que parecía ser un piano. Me
acerqué y al descubrirlo encontré un ser moribundo que pedía a gritos un poco
de cuidado y unos dedos dispuestos a hacerlo cantar, pero, lo siento amigo mío,
solo soy un vagabundo, y lo que tu significas, podría ser mi ruina y el regreso
a mi memoria de algún tiempo, en alguna vida de la que ahora soy ajeno, en la
que solía tocar el piano en la radio, solía ser llamado pianista, pero ahora
soy llamado menos que basura. Lo siento. No podía seguir en aquella escena, así
que lo devolví a su manto polvoriento. Me rasque un poco la larga barja. Vaya,
está muy larga, ya ni recuerdo como era mi rostro sin barba. Hay una escalera
en espiral cerca, pero francamente, se ve tan vieja que dude un poco de si era
buena idea subir por ella, pero finalmente lo hice. Arriba encontré más
habitaciones, llenas de suciedad, un poco triste, al parecer hubo niños aquí, y
lo digo por los juguetes de soldaditos y las hojas tiradas con dibujos casi
deformes de animales y personas. Decidí acomodar algunas cosas, algo allí me
devolvía a la mente alguna época de mi vida de la que yo ahora me siento ajeno.
Es mejor, solo a veces, no recordar o simplemente pretender olvidar el pasado.
He sacudido un poco las cosas de
esta casa, pero he dejado las telarañas y evité matar a tanto insectos como
pude. Después de todo, no quería ser yo aquel que los desprendiera de su hogar,
no después que ahora somos compañeros. El día ha ido avanzando y mis
necesidades primordiales patean mi estómago y me envuelven en una desesperación
interna. ¿Qué puedo comer? Pasé un momento pensando en lo que podía comer, sin
tener en cuenta que no traía ni una sola moneda en mi bolsillo desde hace mucho
tiempo. No puedo quedarme aquí a esperar que la comida caiga con la lluvia.
Corté como pude un poco de la manta que cubría y piano y con algunos otros
retazos de los sillones pude hacerme unos “zapatos”, modestamente llamados así,
claro, no es cuero pero a veces, solo a veces, “poco” es mejor que “nada”. Salí
por la ventana, ya que aún no he tenido éxito con la puerta y caminé fuera,
tratando de recordar dónde fue la última vez que vi un sembrío o un árbol con
alguna fruta. A lo lejos se oían perros, así que me oculté, pero un rato
después ya habían desaparecido los sonidos. Caminé un poco hasta llegar a una
granja, y estaba considerando muy seriamente entrar y robar algunos vegetales,
pero no era tan fácil cruzar la cerca sin que nadie notara mi presencia
invasora, así que me decidí regresar al camino. Anduve sin suerte, hasta que
encontré un campo de vegetales. Observe un instante a mi alrededor y no
parecía estar nadie cerca, así que tomé cuanto pude, que no era mucho,
ciertamente no podía llevar mucho en las manos, pero era suficiente para
saciarme, aunque sinceramente no tenía idea de lo que estaba cogiendo. A lo
lejos oí un disparo que me hizo correr como atleta. ¡Dios! ¿Eso iba para mí? No
lo sé, pero solo corrí y no miré para atrás hasta que estuve bien lejos.
Cansado, me detuve a mirar para atrás y no vi a nadie. De hecho, lo pensé bien
y analizándolo, no sonaba a un disparo que haya estado cerca de mí. Intenté olvidar
el espantoso momento y seguí mi camino a lo que ahora podía llamar, “mi
hogar”. Estaba por salir de entre los
frondosos árboles que apartaban el pueblo de la casa que era mi refugio, cuando
de pronto vi corriendo a una mujer rubia con una niña a la que casi arrastraba.
Me quedé parado allí, extrañado, expectante sin mover ni un musculo. Vi que la
mujer subió por las escaleras de madera de la entrada y viendo por la ventana,
la abrió de un empujón y metió a la niña dentro. Casi pude ver que le besaba la
frente y cerrando las ventanas, la mujer salió huyendo del lugar. ¿Qué pasa
aquí? ¿Esto es real? Me pregunté sin hacer un solo ruido. De pronto escuche
nuevamente a los perros que ladraban, y vi a unos hombre armados que corrían
con ellos. Me tiré entre los arbustos en un intento de ocultarme, y los pude
observar señalando en dirección a donde se había ido aquella mujer. Traté de
entender que era una persecución, pero no pude entender que hacía una mujer con
una niña escapando de esos tipos. Rápidamente se alejaron entre los árboles que
rodeaban la casa y un minuto de silencio invadió la escena, hasta que un
disparo quebró mi paz y deduje que algo malo había pasado. Me quede sin hacer ruido
por un momento, allí tirado entre los arbustos, no entendía si esto era real o
si era producto del hambre que aún no había saciado. Observé a mí alrededor y
no veía a nadie acercarse o algo que no sea el viento azotando los árboles. Me
Levante del suelo y camine hasta la casa. Dejé los vegetales en la entrada y
por un segundo, quise no saber lo que iba a encontrar dentro de la casa, quise
que todo hubiera sido producto del hambre. Pero sabía muy bien que todo había
ocurrido realmente. Abrí la ventana y justo allí, bajo mi mirada, estaba
sentada la niña, con los brazos cruzados como si quisiera protegerse del frío,
apoyando el mentón en las rodillas. –Hola- Dije y ella giró la cabeza hacia mí
pero no dijo nada, solo hizo un ademán de temor que se reflejaban en sus ojos
marrones, muy claros que lloraban en esa cara rosada. – No, no voy a
lastimarte… - Dije intentando no asustarla, pero, sinceramente suena a lo que
todo villano diría a su víctima antes de asesinarla. La niña traía una tela
celeste sobre la cabeza que le cubría el cabello y que casi le daba una
apariencia de niño, de no ser porque tenía puesto un vestido, pude haberla
confundido. Se alejó de su posición inicial y se colocó justo en frente mío.
Claramente me teme y no hace falta preguntárselo. –Hey, ¿Cómo te llamas?- Le
pregunté, pero ella seguía con el mismo ademán. – ¿Tienes hambre?- Pregunte
casi al mismo tiempo que recogía los vegetales y se los mostraba –Tengo algunas
cosas que quizá te puedan gustar- Pero, era en vano ella no me iba a decir
nada. Me di por vencido luego de algunos intentos y decidí entrar. Ella se
apartaba de mí lo más que podía y bueno, no la culpo, pues ya saben lo de mi
apariencia andrajosa. He dejado algunos vegetales esperando que ella quiera
comer, pero no ha dicho ni una palabra. Salí un momento a recoger ramas secas
que puedan servir como fuego para intentar encender la vieja chimenea y al
regresar vi que se había comido algunos vegetales y simplemente sonreí. Estuve
largo rato intentando hacer fuego, pero soy muy malo para eso, así que cuando
casi estaba por anochecer, logré encender la chimenea.- ¡Victoria! ¡Lo he
conseguido! – Dije, mientras hice un intento de baile que extrañamente provoco
una risa de la niña. –Lo sabía, sabía que podías hacer sonidos con la boca-
Dije y la niña se puso seria otra vez. –Vamos, di algo, sé que en algún momento te cansarás de estar tan silenciosa-
Pero fue en vano otra vez, ella solo no dijo nada. Intenté hacer nuevamente mi
baile para que riera, pero no hacía más que voltear la mirada a cualquier otro
lugar. El fuego se hacía más tenue y yo empecé a tararear una canción que había
oído en el pueblo, una de esas canciones que tocan en las fiestas a donde
asiste la gente con sus familias, y bailan las parejas, y todos pueden
pretender ser más felices de lo que son por una noche. Perdí mi mirada en el fuego
que flameaba como una multitud de
bailarines y pensé en aquella vida que quiero olvidar. De pronto
desperté de mi sueño flameante y giré la mirada al rincón donde estaba la niña.
Exhausta se había quedado dormida en el suelo. Fui hasta la habitación con la
única cama de la casa, y sacudí un poco el polvo. Levanté a la niña del piso,
la puse sobre la cama y la cubrí con la sábana que había usado la noche de la
tormenta. Soy un tonto. Le di mi único lugar cómodo a esa niña de la que no
sabía nada, solo que su madre la había dejado aquí por escapar de unos tipos. Y
bueno, quizás ella lo estaba pasando peor que yo. Quizás le di la cama en un
intento de consolarla. Regresé al salón y traté de acurrucarme en uno de los
sillones viejos, mientras veía las últimas llamas apagarse, me quedé dormido.
A la mañana siguiente, parece que
el día está un poco más cálido y he ido a ver a la niña a la habitación, pero
para mi sorpresa, ya no estaba. -¿A dónde se fue?- Pensé y escuche unos pasos
en el piso de arriba. Subí con mucho cuidado las escaleras y en una de las
habitaciones la encontré sentada en el suelo, jugando con unos soldaditos de
plomo que había alineado y que parecían querer atacar al elefante de peluche
tuerto y a la muñeca de poco cabello. –Niña, me asustaste, creí que te habías
perdido- Le dije cruzando los brazos. De inmediato se alejó un poco de mí. –Ya
te dije que no te haré daño- Dije poniendo los ojos en blanco – Si quisiera
hacerlo, lo habría hecho mientras dormías, ¿No lo crees?- Ella siguió sin hablar.
La he observado y no parece una niña “normal” desde el punto de vista de la
gente “normal”, quizás podría obviar el hecho de que no le agrade mi presencia,
puesto que me veo espantoso y poco confiable, pero, también está el asunto de
que a veces juega con los soldaditos de plomo y prefiere hacer a la muñeca como
la villana, eso es raro en una niña. Al menos puedo decir que ha encontrado en
el elefante de peluche tuerto a un compañero de abrazos, al que carga a todas
partes. No parece tener más de once o doce años a lo mucho y aparenta ser de
una familia de buena posición. Sin embargo, si fuera de una familia adinerada,
eso no explicaría el porqué de la persecución.
He vuelto a aquel lugar del otro
día y he recogido más vegetales. En el camino, encontré una gallina y sin
pensarlo dos veces la he atrapado. Me ha costado mucho, pero la atrapé. La metí
dentro de la casa junto con los vegetales. Le di un poco a la niña y ella me
miraba pero ahora parecía no temerme como al principio. – Te diré mi nombre si me
dices el tuyo – Me dijo y yo me quedé estupefacto. –Te dije que hablarías en
algún momento- Dije y ella me miro con un gesto de cansancio.
– Bueno, francamente no lo he dicho en mucho
tiempo y ya casi no suena a un nombre para mí-
-¿Me lo dirás o no? – Dijo ella
cruzando los brazos.
Esta niña es una cascarrabias
pensé.
-Bueno, me llamo Frago- Dije
finalmente, pero ese nombre me sonaba muy ajeno.
-¿Eso es un nombre verdadero?-
Preguntó.
-Tampoco tiene que ser agradable
para todos- Objeté – Además, aún no me has dicho tu nombre niña-
-Me llamo Alyona-
-¿Alyona? ¿Y qué clase de nombre
es ese?-
-De la clase de nombres que las
personas como tú seguramente escuchan en sueños-
¿Qué? Está niña parece un anciano
gruñón.
-Bueno, tampoco tiene que ser
conocido por todos- Dije intentando no parecer enojado por su comentario de “la
gente como tú”.
-Es cierto, pero eres un
vagabundo, no creo que conozcas muchas personas-
-Tienes razón. Las personas
suelen alejarse de mí, porque… dicen que huelo mal y ando con estos harapos, ya
sabes.-
-¿No te molesta que la gente
piense eso de ti?- Preguntó.
-Bueno, la gente siempre habla
por lo que ve, y no los puedo juzgar, si yo anduviera todo el tiempo limpio,
quizás pensaría lo mismo de otra persona que se vea como me veo ahora.-
-Eso es cierto…- Dijo mirando mi
ropa- … te ves sucio y apestoso-
-Gracias- Dije sarcásticamente. –
Bueno, tu nombre es muy extraño, ¿No te llaman de alguna otra forma?-
-No, siempre me llaman por mi
nombre completo- dijo muy seria.
-Bueno, entonces Alyona, come un
poco si quieres ver un día más.-
Giré y traté de acomodar los
vegetales sobre uno de los sillones. Bueno, esa niña además de rara, resultó
ser gruñona, pero vaya a saber qué cosas habrá pasado para llegar hasta aquí,
no puedo ni imaginarlo.
Alyona me ayudó a meter a la
gallina en una habitación y me dio la gran idea de no matarla y dejarla vivir
para que nos diera huevos, así que ella se ocupa de cuidarla. Además de eso
algunas veces me ayuda a recoger vegetales y sabe encender la chimenea con
mucha más facilidad que yo. Algunas noches se la pasa hablando de los libros
que ha leído, con una emoción impensable en una niña de su edad por temas tan complicados, de un tal Sartre y de su
idea sobre el ser del hombre y el ser de la cosas, que según ella son "elementales en la sapiencia universal de la humanidad". Francamente no le entiendo
nada, pero me agrada la idea de tener alguien con quien conversar. Un día me
dijo que estaba muy sucia y que necesitaba lavarse -pero aquí no hay agua más
de la que consigo en el pueblo- le dije. No iba a quedarse tranquila hasta que
consiguiera su baño, así que nos encaminamos hasta un lago cercano y allí se ha
descubierto la cabeza y ha dejado ver su cabello castaño muy claro y
bueno yo me he tenido que esperar a que ella se termine de lavar. Además de
vagabundo ahora soy guardaespaldas. Pero, bueno, ha conseguido que yo también
me lave un poco. Esta niña quiere convertirme en una especie de hombre
“normal”. No sé, aunque esto parezca verse bien, no dejo de preguntarme cual
fue el motivo por el que escapaba aquel día, y peor aún, si esos hombre la
estaban buscando a ella también. No lo sé.