"La introducción tiene golpes bajos y contradicciones, pero todo empieza de algún modo."
Había caminado un par de años, entre un lugar desconocido y
otro aún más, pero nada estaba bien. Las buenas historias a veces no terminan
de forma feliz y en algunas otras ansiamos tanto la felicidad, que nos llenamos
los bolsillos de esperanzas y planes. No, yo no soy así. No quiero presumir
indiferencia al drama ni mucho menos parecer sombrío y malicioso. No, yo no soy
así. Sin embargo, llegaba a un lugar y luego sólo huía con prisa para no
lastimarme con los enredos de historias sentimentales sobre ser un caramelo de
limón y no querer ser otra cosa. Ya me había visto, ya había descubierto mi
esencia extraña y gitana, ya sabía que era prohibida y que el país de nunca
jamás era mi país. Nunca, jamás debimos rozar esas miradas cómplices, nunca
debimos mezclar nuestras almas solitarias, pero una noche, mientras todos
dormían, nos encontramos sumergidos en caricias y silenciosos suspiros que nos
mentían prometiendo una historia reconfortante y catártica. La voz de nuestros
enemigos se hizo pequeña, el mundo giró más lento mientras nuestras manos se
apretaban, nuestras vidas se hicieron parte de algo y por un instante creímos
estar en el lugar indicado.
Las misiones eran un caos, sin saber cuándo
volvernos a ver, esperando ansiosos que el momento se acerque, sonreíamos y
éramos amantes del silencio, mientras las dos lunas soñaban ver nuestros
cuerpos perdidos entre venus y marte, alcanzando el sol y brillando al final de
su espalda en dónde la adrenalina viaja a velocidad luz. Teníamos días
planeando nuestras grandes hazañas, esquivando obstáculos y esperando a que
todos se fueran de su casa para tener momentos a solas en una habitación llena
de planetas y sistemas solares en los que chocábamos suavemente, nos alejábamos
y nos volvíamos a unir una y otra vez entre sabanas de verano y primaveras que
llegaban de todas partes entre vibraciones en tu abdomen que reían y se
sonrojaban mientras que yo era feliz. Temiendo al futuro y a los dramas de los
que escapaba, me perdía en las estrellas de sus ojos, entre sus piernas
eternas, entre el silencio de su habitación. Afuera el mundo seguía, las
guerras atómicas destruían ciudades y la vida se apagaba un poco. Dentro de su
habitación la paz se creaba en todos los rincones, mientras que el amor se
escurría por nuestros poros y nos volvíamos líquido para regresar a ser
sólidos, nuestra piel temblaba y nuestras almas soñaban en secreto con un
cuento que ninguno podía adivinar, solo imaginar en momentos eternos que se
ocultaban al volver a nuestra vida cotidiana. Nunca sabremos lo que el otro pensaba en
ese momento cuando se combinaban las radios, los mensajes cifrados, los gemidos, la estática y nuestras voces en un compás dirigido por el crujir de una cama en el asteroide b612. Sin embargo, las misiones continúan, las guerras continúan, pero en algún punto
sabemos que bailamos siempre el mismo blues y caminamos ligeros en el mismo espacio.
(Fragmento de la novela "Caminantes del Espacio", escrita por C.R.Snow)
