miércoles, 11 de junio de 2014

SOY EL "ELLO"



El querido Sigmund Freud postuló la existencia de un “aparato psíquico” en el ser humano, que está dividido en tres partes:
1. El ELLO: Es la parte inconsciente y son los deseos más profundos que tenemos, todos nuestros instintos están dentro (sexual, hambre, amar), solo piensa en satisfacer sus propios deseos y está dispuesto a todo para conseguirlo.
2. El YO: Es la parte racional y sensata, intenta satisfacer al ELLO (nuestros deseos)
3. El SUPERYÓ: Se refiere un poco a la moralidad humana y se opone drásticamente al ELLO.

 Reconozco ese fraseo temeroso, ese recurso de palabras menos hirientes, ese intento de vivir un nuevo capítulo fuera de la vieja historia. Lo reconozco. Podríamos fingir diciendo que “es una banalidad” eso de no poder olvidar, pero sinceramente, olvidar es una espina grande clavada en la garganta. El “superyó” intenta no ser dominado por el “ello”, pero, por más que esto suene a intentar ser “bueno”, no deja de ser solo una excusa para no decir la verdad.

 Fingir. Una palabra muy fuerte y complicada para los que hemos decidido continuar adelante, dejar atrás lo que amamos y a la vez estamos obligados a olvidar. Olvidar. Olvidar es literalmente poco posible, pero se puede aprender a seguir adelante consciente de lo que es mejor para cada uno, y a  eso podemos llamar fortaleza. Fortaleza. Creemos carecer de ella  en los primeros tiempos, creemos ser frágiles y nos volvemos “fríos” para así tener una careta y decir que “no nos importan” los sentimentalismos. ¿Acaso hay algo más gracioso qué eso? Para nada. Me limpiaré las manos y culparé al “superyó”.

Mi ex. La palabra resonante en la cabeza, la pelota que rebota sin cesar en nuestra mente, hiriente  y salvaje, la desgastamos todo lo que queremos y no le damos tregua, la prostituimos a nuestros deseos y regresamos a la memoria, una y otra vez, en un incansable vaivén. 

¿Te has puesto a pensar en lo estúpido que te vuelve todo eso? La respuesta podría ser: Claro que no.
Yo no podría decir que no he hecho todo lo escrito arriba, de hecho he pasado un largo tiempo en medio de ese dilema: “¿Deberíamos volver?”(El Ello y el Superyó en conflicto). Confesaré que en más de una oportunidad he visto los típicos mensajes de: “Te extraño”. Simplemente destructor y seductor. He vivido atrapando en mi cabeza un recuerdo que a pesar de lo mal que se portó, seguí guardando. Es cierto que los sentimientos nos vuelven ciegos, olvidadizos y todas esas demás excusas que tenemos, entre ellas la clásica frase que nos persigue: “Pero l@ amo”. 

Yo sí que fui perseguido por esa frase durante un tiempo impensable y aunque salí con otras personas durante ese proceso, debo confesar que no olvidé. La primera vez que besé a una chica después de aquella “ex”, tuve un pensamiento algo así como: “Ya no la quiero tanto”. Falso. La segunda vez, seguí pensando lo mismo y lo mismo las siguientes veces, pero antes que arrojen la primera piedra, espero que tengan en cuenta que ninguno está libre de una situación igual. 

Soy un experto en intentar olvidar, y se puede decir que seguí todos los pasos que se deben seguir, aunque la volví a ver unas cuantas veces más, y sí, lo disfrutaba mucho. Mis amigos me decían que si tanto nos “extrañábamos”, entonces debíamos volver, pero, la confianza es algo que no se recupera fácilmente. Cuándo la persona que amas te falla, ya no puedes hacer nada. Lo intentamos mil veces, pero nunca funcionó, y yo lo intenté, en serio lo hice, pero, si te daña una vez ¿Qué te asegura que no lo volverá a hacer? Como dice aquella frase: “Si me engañas una vez la culpa es tuya, pero, si me engañas dos la culpa es mía”. Tuve que aprender a seguir con eso, con sus mensajes, con sus llamadas “equivocadas”, con sus indirectas. Porque no decirlo, ella también me quiso y quizás en el fondo me extrañó tanto como yo a ella, pero cada uno hace su camino. Claro que planeamos un futuro juntos, un boda, un felices por siempre y hacernos viejos juntos, no en vano compartí casi dos años con ella. Dos años. Recuerdo que me cantaba canciones al oído y que solía enojarse por algunos de mis chistes pesados, me apoyaba, me consolaba y me hizo sentir el ser más amado del planeta, y algo parecido a eso no se encuentra todos los días debajo de una piedra. 

A pesar de todo eso, yo decidí olvidarla. (El Superyó puso contra las cuerdas al Ello)

Sé muy bien lo que es el desamor y por eso lo reconozco en la gente con la que hablo, lo veo en sus palabras, en su actitud, en su andar, es algo que no se deja esconder ni con toda la frialdad del mundo. Yo sé cómo es “eso”. Por más que digas no, a veces ese “no” es un “sí”. Lo único que se ve horrible y que siempre evité, fue jugar con las personas, eso es hacer pagar al otro un delito ajeno, eso no cuenta ni como venganza, ni como “buena acción”, ni como nada. En mi defensa, nunca jugué con nadie. Soy un bonachón y ese es mi delito más grave quizás, no puedo evitarlo.

Estaba acostumbrado a dejar que el YO satisfaga al Ello, pero a veces es mejor dejar al Superyó hacer su buena acción, después de todo debemos aprender a aceptar las cosas que son mejores, ninguna persona que te hace sufrir vale la pena aunque intentes verlo por cualquier cara de la moneda. Lo que no ayuda, simplemente ESTORBA.

Hay alguien. Todo este tiempo hubo alguien. Quizás más fuerte. Pero, lo triste es que ese alguien se quedó en los primeros párrafos de esta publicación.  




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