El querido Sigmund
Freud postuló la existencia de un “aparato psíquico” en el ser humano, que
está dividido en tres partes:
1. El ELLO: Es la parte inconsciente y son los
deseos más profundos que tenemos, todos nuestros instintos están dentro
(sexual, hambre, amar), solo piensa en satisfacer sus propios deseos y está
dispuesto a todo para conseguirlo.
2. El YO: Es la parte racional y sensata,
intenta satisfacer al ELLO (nuestros
deseos)
3. El SUPERYÓ: Se refiere un poco a la
moralidad humana y se opone drásticamente al ELLO.
Reconozco ese fraseo temeroso, ese recurso de
palabras menos hirientes, ese intento de vivir un nuevo capítulo fuera de la
vieja historia. Lo reconozco. Podríamos fingir diciendo que “es una banalidad”
eso de no poder olvidar, pero sinceramente, olvidar es una espina grande
clavada en la garganta. El “superyó” intenta no ser dominado por el “ello”, pero, por más que esto suene a
intentar ser “bueno”, no deja de ser solo una excusa para no decir la verdad.
Fingir. Una palabra muy fuerte y complicada
para los que hemos decidido continuar adelante, dejar atrás lo que amamos y a
la vez estamos obligados a olvidar. Olvidar. Olvidar es literalmente poco
posible, pero se puede aprender a seguir adelante consciente de lo que es mejor para cada uno, y a
eso podemos llamar fortaleza. Fortaleza. Creemos carecer de ella en los primeros
tiempos, creemos ser frágiles y nos volvemos “fríos” para así tener una careta
y decir que “no nos importan” los sentimentalismos. ¿Acaso hay algo más
gracioso qué eso? Para nada. Me limpiaré las manos y culparé al “superyó”.
Mi ex. La palabra resonante en la cabeza, la
pelota que rebota sin cesar en nuestra mente, hiriente y salvaje, la
desgastamos todo lo que queremos y no le damos tregua, la prostituimos a
nuestros deseos y regresamos a la memoria, una y otra vez, en un incansable
vaivén.
¿Te has puesto a pensar en lo estúpido que te
vuelve todo eso? La respuesta podría ser: Claro
que no.
Yo no podría decir que no he hecho todo lo
escrito arriba, de hecho he pasado un largo tiempo en medio de ese dilema:
“¿Deberíamos volver?”(El Ello y el Superyó en conflicto). Confesaré que en
más de una oportunidad he visto los típicos mensajes de: “Te extraño”.
Simplemente destructor y seductor. He vivido atrapando en mi cabeza un recuerdo
que a pesar de lo mal que se portó, seguí guardando. Es cierto que los
sentimientos nos vuelven ciegos, olvidadizos y todas esas demás excusas que
tenemos, entre ellas la clásica frase que nos persigue: “Pero l@ amo”.
Yo sí que fui perseguido por esa frase durante un
tiempo impensable y aunque salí con otras personas durante ese proceso, debo
confesar que no olvidé. La primera vez que besé a una chica después de aquella
“ex”, tuve un pensamiento algo así como: “Ya no la quiero tanto”. Falso. La
segunda vez, seguí pensando lo mismo y lo mismo las siguientes veces, pero
antes que arrojen la primera piedra, espero que tengan en cuenta que ninguno
está libre de una situación igual.
Soy un experto en intentar olvidar, y se puede
decir que seguí todos los pasos que se deben seguir, aunque la volví a ver unas
cuantas veces más, y sí, lo disfrutaba mucho. Mis amigos me decían que si tanto
nos “extrañábamos”, entonces debíamos volver, pero, la confianza es algo que no
se recupera fácilmente. Cuándo la persona que amas te falla, ya no puedes hacer
nada. Lo intentamos mil veces, pero nunca funcionó, y yo lo intenté, en serio
lo hice, pero, si te daña una vez ¿Qué te asegura que no lo volverá a hacer?
Como dice aquella frase: “Si me engañas una vez la culpa es tuya, pero, si me
engañas dos la culpa es mía”. Tuve que aprender a seguir con eso, con sus
mensajes, con sus llamadas “equivocadas”, con sus indirectas. Porque no
decirlo, ella también me quiso y quizás en el fondo me extrañó tanto como yo a
ella, pero cada uno hace su camino. Claro que planeamos un futuro juntos, un
boda, un felices por siempre y hacernos viejos juntos, no en vano compartí casi
dos años con ella. Dos años. Recuerdo que me cantaba canciones al oído y que
solía enojarse por algunos de mis chistes pesados, me apoyaba, me consolaba y
me hizo sentir el ser más amado del planeta, y algo parecido a eso no se
encuentra todos los días debajo de una piedra.
A pesar de todo eso, yo decidí olvidarla. (El Superyó puso contra las cuerdas al Ello)
Sé muy bien lo que es el desamor y por eso lo
reconozco en la gente con la que hablo, lo veo en sus palabras, en su actitud,
en su andar, es algo que no se deja esconder ni con toda la frialdad del mundo.
Yo sé cómo es “eso”. Por más que digas no, a veces ese “no” es un “sí”. Lo
único que se ve horrible y que siempre evité, fue jugar con las personas, eso
es hacer pagar al otro un delito ajeno, eso no cuenta ni como venganza, ni como
“buena acción”, ni como nada. En mi defensa, nunca jugué con nadie. Soy un
bonachón y ese es mi delito más grave quizás, no puedo evitarlo.
Estaba acostumbrado a dejar que el YO satisfaga al Ello, pero a veces es mejor dejar al Superyó hacer su buena acción, después de todo debemos aprender a
aceptar las cosas que son mejores, ninguna persona que te hace sufrir vale la
pena aunque intentes verlo por cualquier cara de la moneda. Lo que no ayuda, simplemente
ESTORBA.
Hay alguien. Todo este tiempo hubo alguien.
Quizás más fuerte. Pero, lo triste es que ese alguien se quedó en los
primeros párrafos de esta publicación.

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