Mi hermanita me pidió la otra noche que le contará un cuento nuevo antes de irse a dormir y como ya le he contado todos los que conozco, se me ocurrió inventar uno.
Guantes negros, sombrero de paja, el lobo avanza
escondido entre la hierba. Ya la ha visto muchas veces, a lo lejos, sabe que la
quiere y la quiere, y la quiere. Las ovejas son lo que a él le encanta, lo que
necesita para seguir viviendo, para saborear la gloriosa esencia de la vida en
su boca. La mira otra vez, otra vez y otra vez, algo lo ha hecho dudar. Levanta
la mirada alrededor y se alista para atacar, pero sus patas no se despegan del
suelo, no mueve ni un pelo, no puede ni respirar. La oveja lo ha observado,
pero a nadie ha avisado, algo extraño ha pasado. -¡Ese lobo a nadie ha
cazado!- Pensó la oveja de ojos grandes, maravillosos, profundos,
preciosos. Sus miradas se han cruzado, el lobo nada ha intentado, sólo se ha
quedado asustado. Qué extraño es cuando un lobo deja de perseguir una oveja y
sólo se queda mirando. El lobo no sabe que le ha pasado, esa oveja ha brillado,
lo ha dejado atontado y no sabe que ha pasado. Hay burbujas en el aire, hay
chispas, hay cosas que lo han impactado. El lobo voltea y en un instante ya se
ha alejado.
Al día
siguiente el lobo regresa, a la oveja ha mirado y se ha llevado una sorpresa.
Un lobo de gafas ha encontrado, y a la oveja se ha acercado, lejos de su rebaño
la ha llevado y la oveja lo ha aceptado. Pobre lobo con sus guantes negros y
sombrero de paja, escondido entre la hierba. El lobo de gafas, la lana de la
oveja ha cortado, un chaleco se ha preparado y a la oveja ha enamorado. Pobre
oveja con sus ojos maravillosos, profundos, preciosos. El lobo de gafas le ha
contado que nunca a nadie ha mirado, que a otra oveja no ha amado.
El tiempo
ha pasado, la oveja se ha enamorado, el lobo sus guantes negros ha tirado. El
lobo de gafas ha planeado, comerse a la oveja pues este “amor” ya le ha
cansado, su closet de chalecos ha llenado y la hora de la cena ha llegado. Una
mordida en la pata le ha dejado, la oveja cojeando se ha alejado hasta un
rincón muy apartado. Al rebaño ha regresado, el lobo su sombrero de paja ha
tirado y a la oveja ha encontrado, con esos ojos maravillosos, profundos,
preciosos. Un día se ha acercado, a la oveja le ha hablado pero ella desconfió,
su herida aún no ha sanado. El lobo se ha esforzado por ser bueno y calmado,
quiere a la oveja, está enamorado. Qué extraño es cuando un lobo deja de
perseguir una oveja y se da cuenta que está enamorado. El lobo al día siguiente
ha regresado y la oveja se ha acercado, él le se ha confesado, pero ella ha
dudado. Es demasiado complicado, que un lobo a ser lobo haya renunciado y que
en una oveja se haya fijado, eso es demasiado complicado.
Una
herida abierta de la oveja, la sangre, el olor, el lobo. La pata de la oveja ha
atacado. Pobre lobo, el instinto le ha ganado y a la oveja ha fallado. El rebaño entero se irá, el lobo a lo lejos,
a lejos la mira, la oveja ya nada le dirá, él quizá ya no la buscará. Ella en
el fondo le odia, él ya sabe que pronto llegará su día, su día, su maldito día
de irse. No la quiso lastimar, aunque no puede asegurar que no volverá a pasar,
de todas formas ella igual se va a marchar. El pastor ha llevado a las ovejas
hasta el camión, una por una silbando una triste canción. Ella ya no le odia
tanto, sabe que es un tonto, sabe que es su instinto.
El camión
se lleva el rebaño, se aleja alzando el polvo, volviendo el día extraño, casi achina los ojos para poder verlo un poco. El lobo avanza escondido entre la hierba. Ya la ha
visto muchas veces a lo lejos, nunca tan lejos, sabe que la quiere y la quiere
y la quiere, pero ahora a lo lejos.

Todos fuimos el lobo alguna vez, es cuestión de errores que ya no podemos remediar.
ResponderBorrarSaludos.
Cualquier parecido a la realidad es una coincidencia jaajaa
ResponderBorrarMe pusiste sentimentaaal maldito insectooo
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