La vida suele ser como ese vaivén de las olas golpeando y
acariciando la orilla de aquella playa donde mojaste los pies. Recuerdas que
hay mucho viento y que casi intenta "llover" en Lima, que la noche
anterior tu teléfono estuvo sonando y no contestaste. Miras el techo y se
ve tan vacío todo. De pronto, los ruidos desaparecen y los muertos quieren
jalarte las patas, pero, no es real, te vas quedando dormido. La exorbitante
imaginación lastima la mente y quisiera que no fuese así, quisiera que no
hubiera un millón de respuestas y a la vez ninguna (Lo leí por allí) quisiera
no querer, porque a veces era más simple.
La venganza de algún modo no siempre resulta satisfactoria, ¿O
sí? Trato de pensar objetivamente pero, el descomunal sentimiento infantil que nos
encierran en una burbuja irrompible ha cumplido su labor. Si nuestros actos
anteriores no importan, entonces, ¿por qué nos esforzamos en divulgarlos? Sí,
estoy de acuerdo con eso de “ser transparente” y “la sinceridad primero”, pero,
sólo en algunos casos, el silencio es mejor. Empezar de nuevo, olvidar lo demás
sin cargar con “trofeos de guerra”, eso es lo que creo. Si olvidaste pasar el
agua del retrete, simplemente no lo digas, no hagas que tengan una excusa para
asesinarte mientras das la espalda, no destruyas tu mente y la mente de los
demás, en pocas palabras, si quieres recordar hazlo en silencio o lo que escuches
luego, puede no agradarte. Acción y reacción.
Estos últimos días me despierto con pensamientos trastornados que no me
hacen la vida tan fácil, como cuando sirvo un vaso de café o como cuando abrazo
la puta almohada hasta quedarme dormido.
No quiero redundar y
tampoco quiero pretender hacer las cosas más simples. ¿Sabes qué es morir un
poco cuando dices que no has muerto? Sí, en el fondo lo sabes y tal vez no lo
quieres aceptar.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario