Cálido parece el día cuando veo
por mi ventana, ya casi que el sol traicionero quiere asomarse, y aunque no es
el centro de mi historia, quizás tenga que ver con el hecho de que hoy me
desperté exactamente a las seis de la mañana, y sería como cualquier día pero,
un pensamiento de antes regreso a mi cabeza. Sé perfectamente que, los cuentos
con finales felices son lo más predecible y aburrido que existe, sé que hay
temas de los que uno ya simplemente debe dejar de mencionar, pero, ¿qué hace a
uno volver? ¿Qué clase de pensamiento merece regresar a la mente? El “ser” y
“estar”, hace tan difícil la existencia a veces. El ser un desconsolable
aparato que retiene recuerdos, nos hace tan débiles a veces, nos vuelve crueles
con nosotros mismos, nos preguntamos si estará bien recordar todo, todo
eso que nos lastima, eso que muele nuestros huesos pero que aun así, lo
disfrutamos. Somos unos masoquistas.
Ya han pasado años, tal vez muchos meses, días, horas, y yo me sigo preguntando: ¿Qué de especial tienen tus mejillas, tus ojos, tu cabello alrededor de mis dedos? Ya, no quiero dar más vueltas al plato, yo, inevitablemente, te soñé. Perdóname, yo sé lo que he dicho, sé que ya dije que no te necesito, pero la verdad es que mi mente sigue reusándose a olvidarte y no puedo hacer mucho por combatirlo. ¿De qué sirve pensarte? Sí, ya me lo he preguntado cómo unas mil veces. Disculpa a mi mente, disculpa que sea tan obstinado, disculpa que no te lo pueda decir directamente, pero es que es mi mundo parece que ya te he olvidado. Me he metido a hurgar entre tus cosas, en un intento por saber algo de ti, y con gran aflicción, me doy cuenta que el tiempo no ha pasado en vano, que no eres ya, mi chica perfecta, que de vez en cuando sufres por alguien, que de vez en cuando te acuerdas de mí, y no precisamente de la forma que yo espero, pero, peor es ser nada. Has destruido gran parte de lo que yo amaba de ti y has construido una persona muy diferente, y me hace notar que el “estar” duele a veces, que una sola canción me haga recordar todo lo que quiero olvidar. Siempre que me piden un consejo “amoroso” (como si yo fuera un experto) les doy consejos sobre lo que creo que deben hacer, si acaso deben olvidar o si deben continuar. Lo curioso es que yo no sigo mis propios consejos, yo sigo por muchos años viendo como mi chica perfecta se destruye, deja pedazos de lo que ella era en mi cabeza, y luego solo se marcha para reaparecer en uno de mis futuros, en un momento cuando yo ya no puedo olvidarla, cuando tengo el nudo en el pecho, cuando vuelvo a descubrir que la quiero. La quiero. Es tan grande decir, te quiero, no, no, es más grande decir te amo, pero ese no creo que sea ahora el sentimiento, ese sentimiento que me hacía no solo volver a pensarte, sino que también volver a buscarte, y ahora ya no quiero hacerlo, no porque no te quiera volver a ver, sino porque ya no te conozco, ya no eres la chica a la que yo amaba, porque la chica a la que yo amaba ya no está, solo está su recuerdo, sublime, fatuo, presuntuoso, y eso me mata. Para cerrar, te contaré que en mi sueño, eras tan cruel como creo que eres ahora, estábamos en una competencia, sentados en un sofá, y tú, irónicamente, me pateabas en las costillas, y yo miraba tus ojos, cálidos, tu carita, todo lo que había, y me pregunto: ¿Alguna vez habrás pensado en volver? Bueno, tampoco diré que no existe nadie rondando mi vida, pero, ¿Debería intentar buscarte? No, mejor no, creo que por ahora esperare una respuesta del tiempo.
Ya han pasado años, tal vez muchos meses, días, horas, y yo me sigo preguntando: ¿Qué de especial tienen tus mejillas, tus ojos, tu cabello alrededor de mis dedos? Ya, no quiero dar más vueltas al plato, yo, inevitablemente, te soñé. Perdóname, yo sé lo que he dicho, sé que ya dije que no te necesito, pero la verdad es que mi mente sigue reusándose a olvidarte y no puedo hacer mucho por combatirlo. ¿De qué sirve pensarte? Sí, ya me lo he preguntado cómo unas mil veces. Disculpa a mi mente, disculpa que sea tan obstinado, disculpa que no te lo pueda decir directamente, pero es que es mi mundo parece que ya te he olvidado. Me he metido a hurgar entre tus cosas, en un intento por saber algo de ti, y con gran aflicción, me doy cuenta que el tiempo no ha pasado en vano, que no eres ya, mi chica perfecta, que de vez en cuando sufres por alguien, que de vez en cuando te acuerdas de mí, y no precisamente de la forma que yo espero, pero, peor es ser nada. Has destruido gran parte de lo que yo amaba de ti y has construido una persona muy diferente, y me hace notar que el “estar” duele a veces, que una sola canción me haga recordar todo lo que quiero olvidar. Siempre que me piden un consejo “amoroso” (como si yo fuera un experto) les doy consejos sobre lo que creo que deben hacer, si acaso deben olvidar o si deben continuar. Lo curioso es que yo no sigo mis propios consejos, yo sigo por muchos años viendo como mi chica perfecta se destruye, deja pedazos de lo que ella era en mi cabeza, y luego solo se marcha para reaparecer en uno de mis futuros, en un momento cuando yo ya no puedo olvidarla, cuando tengo el nudo en el pecho, cuando vuelvo a descubrir que la quiero. La quiero. Es tan grande decir, te quiero, no, no, es más grande decir te amo, pero ese no creo que sea ahora el sentimiento, ese sentimiento que me hacía no solo volver a pensarte, sino que también volver a buscarte, y ahora ya no quiero hacerlo, no porque no te quiera volver a ver, sino porque ya no te conozco, ya no eres la chica a la que yo amaba, porque la chica a la que yo amaba ya no está, solo está su recuerdo, sublime, fatuo, presuntuoso, y eso me mata. Para cerrar, te contaré que en mi sueño, eras tan cruel como creo que eres ahora, estábamos en una competencia, sentados en un sofá, y tú, irónicamente, me pateabas en las costillas, y yo miraba tus ojos, cálidos, tu carita, todo lo que había, y me pregunto: ¿Alguna vez habrás pensado en volver? Bueno, tampoco diré que no existe nadie rondando mi vida, pero, ¿Debería intentar buscarte? No, mejor no, creo que por ahora esperare una respuesta del tiempo.

Me hiciste llorar, te juro.
ResponderBorrar